Cuando me lo anunciaron el dia de mi cumpleaños, en plena fiesta, asi, sin avisar, no sabia si iba en serio. Pero claro, aquella noche regada en alcohol en la que hubo de todo menos sensatez, todo era posible. Luego, fueron pasando los dias, me llego una invitacion formal, fui a ver el piso que se habian comprado y, en cierto modo, creo que asumi que aquello no era broma: se casaban.
Como manda la tradicion, habia que hacer una despedida de soltero. Y como habia estudiado en Salamanca, pensamos que estaria genial llevarle alli por un par de dias, secuestrado de sabado a domingo, para que recordara los buenos tiempos y nos echasemos unas risas (sobre todo).
Y asi fue: un par de dias muy, pero que muy divertidos.
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