Quien me conoce sabe que puedo ser tan despistado con las cosas pequeñas, con los detalles, que a veces puede resultar irritante, desesperante e incluso frustrante el luchar contra mi falta de orden. Puedo perder las llaves varias veces al día. Puedo no saber dónde he dejado el ordenador portátil del curro. Puedo irme tranquilamente a dar un paseo dejando las llaves de la moto puesta. Puedo así mismo olvidarme el teléfono en casa, el pase del curro en algún bolsillo de alguna chaqueta que no se cuál es, o la cartera encima de la mesa, justo al lado de las llaves, el día que no me olvido de cogerlas al irme por la mañana.
Hoy ha sido uno de esos días. Me levanto, desayuno, me doy una ducha y me preparo para ir a trabajar. Me acerco al ordenador, cojo el teléfono, el pase del curro, miro la cartera pero no debo creer que la necesite y me voy tranquilamente.
Una vez en el ascensor, me doy cuenta, pero paso de volver a subir a cogerla. Llego al curro, hago lo que tengo que hacer y al llegar la hora de comer me viene un colega con el plan de ir a la playa... ¿Y por qué no? Total, tan sólo hace dos días que no iba a mediodía, para la "pausa" de la comida. Además, ¿para qué quiero el dinero? Si total, la gente tiene sus negocios y restaurantes por amor al arte. Miro en la mochila, como si lo de haberla olvidado hubiese sido un sueño, pero no: era real. Al menos esta vez la suerte me acompaña y encuentro una tarjeta de crédito junto a mi carnet de conducir (y no me preguntes por qué). ¡Estoy salvado!
El paseo en moto hasta la playa, seguido por mi colega en Vespa le da un toque que me mola un montón. Hacía mucho viento, y esa sensación de que la moto se te va de un lado a otro parece como ir flotando en el aire mientras que los kilómetros pasan a tu lado. Por uno, la zona de comercios y algunas casa. Por el otro, las marismas con sus flamencos rosas levantando el vuelo. Me dan ganas de grabarlo un día... Pues nada, llegamos, pienso en sacar dinero, pero para qué: en todos sitios aceptan tarjeta. Nah, vamos a comer.
Y entre pitos y flautas, entre el mono de no fumar de uno y el cigarrito dando vueltas en la mano sin querer precipitarse del otro (ese era yo) se come, se toma un cafetito y llega la hora de pagar. Lo siento, no aceptamos tarjeta... (Lo sabía, snif) Bueno, sí que aceptamos, pero precisamente hoy se nos ha roto el cacharro. Vaya por Dios...
Total, que le debo pasta a un colega en vez de a mi banco, que siempre es mejor. Total, tampoco por esforzarme iba a acordarme de las cosas pequeñas, ni de los detalles, ni de la importancia que tienen a veces para mí, y muchas veces para los demás. Eso sí, pregúntame qué te dije cuando nos vimos la primera vez, o qué pasó cuando fuimos a tal o cual sitio o cosas que pasaron hace años, que me acuerdo de todo, hasta de los colores y sabores y olores y si hubo música hasta de las canciones.
Creo que no se me olvidan las cosas al fin y al cabo sino que, digamoslo así, tardo tiempo en memorizarlas y, cuando lo hago, se quedan por un buen rato.
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